Las zonas comunes como espacio de enseñanza y aprendizaje
El entorno escolar no se compone únicamente de los espacios asignados a las aulas. La vida y el aprendizaje transcurren más allá de las paredes que delimitan las clases. Los pasillos, los patios, el gimnasio o los espacios de biblioteca pueden ser transformados para enriquecer los procesos de aprendizaje de los estudiantes, sacándoles el máximo partido posible. La utilización que le demos a estos espacios indicará, entre otras cosas, el tipo de relaciones que se establecen en el centro, cómo se entiende el aprendizaje, cómo se gestiona la convivencia y la metodología predominante.
Al igual que sucede dentro del aula, el modo en que se organicen los espacios comunes del centro puede influirnos en el estado de ánimo, favoreciendo un ambiente más tranquilo y acogedor o, por el contrario, más frío y caótico. Un buen ambiente, donde la acústica fomente la tranquilidad, la luminosidad y la temperatura sean adecuadas y la estética esté cuidada, ayudará a garantizar ámbitos más acogedores, sugerentes y atractivos que incitarán tanto a estudiantes como al resto de la comunidad educativa a querer estar, participar y aprender.
A su vez, las zonas comunes pueden ser escenarios útiles para compartir con el resto de la comunidad educativa el resultado de los aprendizajes construidos. En este sentido, espacios como el comedor, los pasillos o la biblioteca se pueden utilizar para presentar los trabajos realizados, hacer exposiciones fotográficas de actividades que se hayan realizado fuera del centro o pueden ser ambientados para dar continuidad a los proyectos de centro.
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